jueves, 7 de agosto de 2014

OJOS CERRADOS


Nunca podré olvidar el día que te vi por primera vez. Yo, como siempre, estaba en la calle, esperando, aprovechando esa sensación de poder que te da saber que nadie se fija en nadie, que nadie sabe que observo cada día. Hace ya varios años, pero me acuerdo como si fuese ayer…
Yo estaba tranquilamente en el banco de la plaza, sentada junto a la mujer a la que tenía que acompañar aquella tarde. La observaba mientras leía su libro de poesía, relajada, ni siquiera sospechaba dónde íbamos.
Entonces la escuché: la risa más viva que había escuchado en siglos. Una risa sincera, sin la hipocresía que acompaña a las risas hoy en día. No pude evitar girarme hacia ese sonido único en la sociedad actual, único entre un mar de gente llena de objetivos profesionales y horarios pero vacía de vida.
Y tras esa risa estabas tú. Jamás olvidaré el impacto que me causó ver a una persona tan feliz con su vida, ver tu gran sonrisa que aseguraba a quien la mirase que el sonido que emanaba de ella era totalmente real y sincero, tus movimientos y gestos preocupados sólo por hacer sonreír a la chica que te acompañaba y no por el resto de personas que te rodeaban. Pero, ante todo, lo que más me atrajo fueron tus ojos, unos ojos oscuros pero con un brillo único, unos ojos que hubiesen hipnotizado a quienes los quisiesen mirar, lo hicieron conmigo. Qué lástima que hoy en día nadie mire a los ojos de nadie, se pierden una de las cosas más maravillosas de la vida.
En el momento en el que pude separar la mirada de tus ojos vi que un gran amigo mío se acercaba a ti. En ese momento supe que esa gran vida quedaba ligada a mí, mi amigo nos presentaría en poco tiempo y tú vendrías conmigo, seguro.
Felicidad, nerviosismo, ansia… No sé exactamente qué es lo que sentí ante esta seguridad. Me sentía tan atraída por esos ojos, por esa risa. Pero en el fondo también me dio pena, algo totalmente insólito en mí. Me dio pena es chica a la que dedicabas tu risa y tus miradas, lo pasará muy mal cuando la deje y se venga conmigo, pensé en ese momento, no tengo derecho a meterme en medio. Debería haber hablado con mi amigo para que lo dejase, para que no nos presentase. Pero esos ojos tan vivos, esa risa… No tuve valor para hacerlo, no pude hablar con mi amigo.
Durante los últimos años nos hemos visto varias veces… Ésta es la cuarta, ¿no? Cada una de las veces que hemos estado frente a frente me he vuelto a enamorar de tu sonrisa y de ese brillo de tus ojos. Nunca cambiaron, siempre ahí, igual que tu chica, siempre cogida de tu mano, una chica fuerte, luchadora, tan enamorada de ti como yo. Ya sabía yo que no iba a dejar que la dejases sin esos ojos, sin esa sonrisa.
Te juro que cada vez que he estado contigo y me has rechazado he estado a punto de rendirme, de dejarte con tu chica, con tu vida. Cada una de las veces he estado a punto de decirle a mi amigo que no insistiese, que lo dejase, que no había por qué acelerar las cosas. Yo sabía que vendrías conmigo, pero no tenía que ser ahora. Ya nos conocíamos, nos volveríamos a ver, seguro, y tu seguirías teniendo la misma sonrisa y el mismo brillo en los ojos pasase el tiempo que pasase, hay cosas que no pueden cambiar. Pero entonces, el egoísmo que me caracteriza emergía y me convencía de que no, de que esa sonrisa, esos ojos,  tenían que estar ya conmigo. Y seguí insistiendo.
Hoy por fin es el día. Aquí estoy, a tu lado, nerviosa porque sé que no vas a volver con ella. Te quedas conmigo.
Pero no estoy feliz. Todos estos años esperando a ver esa sonrisa conmigo, esos ojos mirándome, y sólo ahora me doy cuenta de todo. ¿Cómo he podido estar tan ciega?
Todo este tiempo asimilando cada rechazo y luchando para que vinieses conmigo y me doy cuenta ahora de que a mí jamás me sonreirás, yo jamás veré ese brillo que tanto me enamoró en tus ojos. Yo sólo te veré como estás ahora, con el rostro relajado y los ojos, tus preciosos ojos, siempre cerrados.
Cómo lamento no haber parado los pies a mi amigo para que pudieses disfrutar mucho más de esa vida tan plena. Pero no tuve fuerzas. Ahora ya es demasiado tarde.
No te preocupes por tu chica, en un tiempo volverá a sonreír, aunque su sonrisa será distinta. En un tiempo tanto ella como toda tu familia aceptarán que te voy a estar cuidando hasta que ellos tengan que acompañarme, entonces los llevaré junto a ti y descansarán felices. Pero eso con el tiempo. Ahora no.
Ahora están tranquilos pensando que es sólo un bache que superarás como has superado otros. Se asoman por la puerta y riñen a tu perro, es el único que sabe que estoy aquí contigo, no quieren que te despierte. Déjalo descansar ahora que se ha calmado, mañana ya juegas con él, le dicen. No imaginan que para ti no hay mañana.
No voy a alargarlo más. Ahora que estás medicado y nada te duele, dame la mano. No volverás a sufrir más. Lo siento, ha llegado el momento…
Ven, acompáñame…



Cualquier momento puede ser “el momento”. Dime, ¿has sonreído ya hoy?, ¿has vivido hoy, aunque sólo sea un poco?

J

No hay comentarios:

Publicar un comentario