Un ruido tremendo lo despierta.
Joder! Piensa, ¿qué es ese ruido que me taladra la cabeza? Busca su origen y el
movimiento brusco de la cabeza hace que se maree y sienta náuseas. Sí que fue
brutal la cena de anoche, piensa. Jamás he tenido una resaca así…
Coge el móvil, el aparato que
estaba emitiendo aquel sonido que hoy le parecía infernal. Siento llamar tan
temprano, anuncia la voz de su compañero, y más hoy. La de anoche fue la mejor
cena que hemos tenido nunca en el departamento. ¡Buf! Mi cabeza está totalmente
de acuerdo contigo. Responde con voz pastosa. ¿Qué pasa? F. J. Muñoz ha
aparecido muerto en la calle del Sur, frente a su casa. El jefe nos quiere allí
en cuarenta y cinco minutos. ¿Quién? Pregunta intentando lubricar la garganta con
saliva sin éxito. ¿Cómo que quién?, ¿no sabes quién es F.J.? El gran joyero que
vino hace unos años desde el norte, el dueño de la cadena de joyerías más
exclusivas y seguras del país… Bueno, da igual, ya sé que no estás muy puesto
en sociedad. Nos vemos en cuarenta y cinto minutos. Sí, vale, contesta
torpemente, me doy una ducha fría, me tomo un buen café y voy. No está muy
lejos de mi casa. ¡Ok! Ten cuidado con el coche. Pensaba que yo estaba mal,
pero veo que tú acabaste peor que yo la fiesta… Corta la llamada riéndose.
Mira su móvil con fastidio
mientras intenta darse prisa, pero su cuerpo hoy está demasiado lento. No
responde. Los reflejos se deben de haber escondido detrás de ese horrible dolor
de cabeza. Espero que el jefe no se moleste si llego unos minutos tarde, piensa
entumecido.
Mientras se ducha intenta poner
la mente en orden. No recuerda nada. ¿Tanto bebió? Debe de ser… Pero, ¿por qué
lo hizo? Pensaba que había superado ya la ruptura, pero igual no. Tendría que
hablar con ese psicólogo nuevo que han puesto en el departamento. ¿Vino anoche
a la cena? Pensó. ¡Joder! Ni siquiera me acuerdo de la gente que fue. No voy a
volver a probar el alcohol en mi vida… Piensa mientras se coge las sienes con
fuerza para ver si así se calman.
Llega a la calle del Sur cinco
minutos tarde y se encuentra a su compañero con cara de circunstancias y a su
jefe con cara de pocos amigos. ¿Se puede saber por qué llegas tan tarde? Lo
saluda a gritos su jefe. Te recuerdo que anoche tuvimos la cena del
departamento, responde pidiendo calma con la mano. Por lo visto me lo pasé
demasiado bien y mi cuerpo no reacciona a la velocidad que me gustaría a estas
horas. ¡Me da igual tu cuerpo! Aulló el superior sin compasión. El que me
importa es el que está ahí tirado, ejecutado. Tenemos que examinarlo todo antes
de que lleguen los forenses y tú lo estás atrasando todo.
Todos esos gritos nerviosos iban a hacer que le estallase la cabeza. ¿Estás bien? Se preocupó su compañero. Tienes la peor
cara que te he visto nunca. Sinceramente, no, no lo estoy, se sinceró. No sé
qué cojones mezclé ayer. Te juro que vuelvo a beber en mi vida. Y encima, el
alcohol me hace tener pesadillas. Imagínate la nochecita. La pesadilla de hoy
ha sido mucho peor que las demás… En consonancia con la curda, supongo. Intentó
reírse de su ocurrencia, pero se arrepintió a la primera carcajada. ¿Has vuelto
a soñar con tu ex? No, lo de hoy ha sido mucho peor. Luego te cuento. Vamos a
lo nuestro, si no “Mr. Bulldog” volverá a ladrar y no está mi cabeza para
soportarlo.
Se acercan al cadáver, un señor no
muy alto, vestido con traje caro, muerto al lado de un coche de gama alta con
el cristal de la puerta del piloto reventado. A simple vista se ve el orificio
de la bala. Uno sólo. En la nuca. Ejecutado. Un gran charco de sangre baña su
cabeza ladeada. Comienza a notar palpitaciones en sus, hoy hipersensibles,
sienes. Se acerca a ver la cara de la víctima y nota como su cuerpo comienza a
bombear el desayuno acompañado de bilis hacia su boca. Se incorpora para
respirar y pensar con claridad pero es demasiado tarde. No puede evitar que la
amarga mezcla salga disparada por su boca.
Pero, tío, ¿qué te pasa? Ni que
fuera el primer cadáver que ves… Y éste no está entre los asesinatos más crueles que
hemos investigado. Se preocupa cada vez más su compañero. Tú has pillado alguna
enfermedad. No, en serio, estoy bien, intenta tranquilizarlo. Anoche… Vas a
tener que dejarte el alcohol en serio, ¿eh? Anda apártate un poco y respira, no
vaya a ser que el olor a sangre te haga vomitar de nuevo. Acabo yo aquí y te
acompaño a comisaría. No estás para conducir.
Decide hacer caso a su compañero
y apartarse. No puede ser. Le duele cada vez más la cabeza. Vuelven las
náuseas.
Ya en comisaría entran en el
despacho del jefe y se sientan ante él para informarle. Sólo habla su
compañero. Como bien ha verificado usted nada más llegar, se trata de una
ejecución, informa. Un solo disparo en la nuca. Siguen las palpitaciones. A
quemarropa. Vuelven las náuseas. Los de balística han encontrado el casquillo
incrustado en el asiento del copiloto de su coche, lo están analizando. Le va a
estallar la cabeza. Por la trayectoria podemos decir que le dispararon que quien lo hizo es más alto que la víctima. La bala atravesó el cristal del piloto del coche. No
quiere volver a vomitar, no aquí. Posible móvil, el robo, han desaparecido su
cartera, su reloj, su alianza y las llaves del coche. Aunque es raro,
si querían el coche, ¿por qué lo dejan ahí?, y su móvil seguía en el bolsillo interior de su chaqueta. Es como si le hubiesen quitado sólo lo que tenía a mano. Todo le da vueltas. ¿Han hablado
con su viuda? Inquiere el jefe. No, responde su compañero, no responde a las
llamadas. Seguimos intentándolo. Insistan, ordena a voces. Quiero saber si se
iba o si llegaba, si ha sufrido algún tipo de amenaza, si tenía algún enemigo
declarado. Hay que resolver esto cuanto antes. La prensa se nos está echando
encima.
Ya está resuelto, se oye a sí
mismo. Se pone de pie y deposita su arma reglamentaria y su placa sobre la
mesa. Yo maté a ese señor anoche, confiesa mientras caen lágrimas de sus ojos.
Ante la cara de asombro de sus acompañantes continúa, llevad mi revolver a los
de balística, comprobarán que fue disparado hace pocas horas y que el casquillo
que han encontrado coincide con mi munición. La cartera y todo lo demás lo
encontraréis en el contenedor de basuras que hay en la esquina de la calle del
Pino con la calle Marcial.
¿Estás de broma, no? Preguntó
nervioso su compañero. ¡No tiene gracia! Gritó su jefe.
No, no tiene gracia. Y no, no
estoy bromeando. He sido yo. Sus manos tiemblan. No para de llorar.
Pero me dijiste que no lo
conocías. También llora.
Hasta anoche no lo había visto
en mi vida. Lo juro.
Y, puestos a confesar, ¿por qué
lo hiciste? Inquiere su jefe cada vez más nervioso.
Sinceramente, no lo sé…
Su compañero se levanta para
esposarlo mientras su jefe llama al laboratorio y a balística. ¿Por qué? Pregunta
desesperado su compañero.
No lo sé…
Yo
sí lo sé… Os lo iré contando, tranquilos J

