Siempre me acordaré del segundo
día más feliz de mi vida. El día en el que supe que vendrías. No sólo fue un
día de alegría, fue un día de emoción, tanto tiempo esperando. Fue un día de
miedo, ¿estaremos preparados? Fue un día de dudas, ¿lo haremos bien? Y, me
acordaré siempre, fue el día en el que empezaron a decir.
Decían qué alegría. Pero sus
sonrisas a media asta decían pero por dios, que sois muy mayores. Lo tomarán
por vuestro nieto. Tanto tu madre como yo notamos esa hipocresía, pero nos dio
igual. Queríamos un hijo, llevábamos tanto tiempo intentándolo… Nos dio igual
el dinero. Nos dolieron los fracasos porque cada uno nos hacía pensar que
serías inalcanzable. Nos dio igual la edad. Seguimos intentándolo hasta que
llegó la buena noticia.
El vientre de tu madre fue
creciendo, y decían qué tripa más redonda y más bonita, será niña. El brillo en
sus ojos gritaba no sabéis lo que estáis haciendo, será vuestra nieta. Pero nos
daba igual tu sexo. Te queríamos a ti, fueses lo que fueses. Éramos felices. Tu
madre cada día te sentía más en su interior. Mis manos comenzaron a notarte por
el exterior. Cada día estabas más aquí.
Siempre recordaré el día más
feliz de mi vida. El día en el que viniste. Al final tubo que ser cesárea.
Entonces, tanto los labios como los ojos coincidían al decir. Decían que era
normal, si hubiese sido más joven habría sido perfecto, pero a su edad. Pero me
daba igual porque me aseguraban que tu madre estaba perfectamente. Aunque me
llevaron a aquel despacho. Es niño, me informaron, pero hay algo que no ha salido del todo bien, un problema que no percibimos en las pruebas que realizamos durante
la gestación. Me asusté.
Te vi antes que tu madre. Ella
todavía dormía. Tú ya estabas bien despierto, mirándolo todo con esos ojos tan
especiales que todavía no veían. Acerqué mi meñique a tu mano y lo cogiste por
reflejo, lo cogiste fuerte y no lo soltaste. Entonces supe que no había ningún
problema. Supe que eras perfecto. Supe que eras exactamente lo que habíamos
estado esperando todos aquellos años. Supe que serías la mayor felicidad de
nuestra vida.
Y tu madre despertó. Y os
presenté. Y ella te miró sorprendida de arriba abajo. Y lloró. Y besó esos ojos
que lo decían todo. Es perfecto, dijo.
Sí, desde el momento en que te
vimos supimos que no habría problema que no pudiésemos superar. Supimos que
eras fuerte. Que nadie lograría infravalorarte. Que eras nuestra vida. Que
íbamos a ser felices el resto de nuestra vida gracias a ti. Y en ese momento
sonreíste por primera vez uniéndonos todavía más. Y desde ese momento no han
parado de decir.
Dicen que es una crueldad haber
dejado que nacieras. Hubiese sido mucho mejor que hubiésemos abortado y haber
adoptado un niño que cargar con algo así
el resto de nuestra vida. Jamás han querido darse cuenta de que siempre ha sido
al contrario. Cada sonrisa sincera que nos has regalado durante todos estos
años nos ha descargado de los problemas y de los miedos. Cada abrazo que nos
has dado tan lleno de verdadero amor nos ha descargado de todas las
hipocresías, de todas las habladurías, y nos han hecho centrarnos en lo
verdaderamente importante, tú, tu vida, tu educación, nuestra vida, nuestra
felicidad.
Dicen que se nos ve mayores por
culpa de todo lo que tenemos que hacer por ti, total, para que no entienda
nada, con su retraso… Dicen. Parecen haber olvidado que ya nos veían mayores
cuando todavía estabas viniendo. No quieren darse cuenta de que hemos hecho por
ti exactamente lo mismo que ellos por sus hijos, educarte lo mejor posible.
Cuando oigo esto siempre me
acuerdo de cuando eras niño. Siempre jugabas a los superhéroes. Realmente te
creías un superhéroe. Tu poder: cambiar la cara de la gente. Esa etapa duró en
ti mucho más que en el resto de niños. Ya eras un joven cuando llegaste feliz a
casa asegurándonos que habías evolucionado, que habías aumentado tus poderes.
No sólo puedo cambiar la cara de la gente, papis. Les pongo su verdadera cara.
Como no entendimos, nos explicaste. Desde que recuerdo, a la gran mayoría de
gente le cambia la cara cuando se cruza conmigo. Les cambio la cara. Eso ya lo
sabéis. Pero hoy me he dado cuenta de que lo que hago es ponerle su verdadera
cara. Una cara que parece normal, se cruza conmigo y se convierte en una cara de pena,
en una cara hipócrita, en una cara falsa… Debéis estar orgullosos de mí, me
estoy convirtiendo en un gran superhéroe.
Por supuesto que estábamos
orgullosos. Siempre lo hemos estado y siempre lo estaremos. Y dicen que no
entiendes, que tienes un retraso. Y yo digo que son ellos los que no entienden,
que el hecho de que vayas algo más lento no significa que tengas retraso,
sino que vas sobre seguro.
Dicen que somos egoístas, que no
pensamos en ti. Cuando vosotros no estéis, ¿quién cuidará de él?, ¿lo habéis
pensado? Será un marrón para quién lo tenga que cuidar. Odio cuando dicen
esto. Claro que pensamos en ti. Cada día, a cada hora. Pero no porque tengas
que ser una carga, sino porque eres nuestra descarga. Eres nuestra vida. Eres
nuestra felicidad.
Que te quedarás solo, dicen. No.
Creo que esa chica a la que ayer cogías de la mano será una gran compañera. Sé
que tú vas a ser su mejor compañero. No creo que vayas a ser un marrón para
ella. Como has hecho con nosotros desde que viniste, te transformarás en su luz
blanca. Le enseñarás a ver el mundo con tus ojos tan especiales. Gracias a ti,
su vida será cada vez más sincera, más feliz. Sé que no serás ninguna carga
porque jamás lo has sido.
Hoy estamos aquí, sentados junto
a esa chica, viendo cómo recoges tu diploma. Orgullosos. Has acabado tu grado.
Orgullosos. Todos los profesores hablan maravillas de ti. Orgullosos. La
empresa en la que has hecho las prácticas te ha ofrecido un buen contrato.
Orgullosos. Sabemos que vas a tener todo lo que te mereces. Felices.
Y siempre han dicho. Pero nunca
se han esforzado en conocerte. Y dicen. Pero no ven ni escuchan. Y dirán. Pero
nos da igual. Porque durante toda tu vida has logrado lo que te has propuesto,
como se ha de lograr, poco a poco y sobre seguro. Porque la gente habla y dice
sin saber que la felicidad no está en una mente rápida, sino en una vida
disfrutada. Porque, desde que viniste, nos has hecho disfrutar de nuestra vida.
Porque sabemos que tú has disfrutado y disfrutarás cada día de tu vida. Porque,
digan lo que digan, sabemos que jamás apagarán la sinceridad de tu sonrisa ni
el amor de tus abrazos. Porque, digan lo que digan, sabemos que jamás cambiarán
esa mirada tan especial, esa mirada tan única. Tu mirada.
Digo,
dices, dicen, decimos, decís… Decidme, ¿por qué no nos miramos al espejo antes
de hablar de nadie? J

No hay comentarios:
Publicar un comentario