lunes, 4 de agosto de 2014

EL LOCO ANTITECNOLOGÍA

Te voy a contar la historia de ese loco del que tanto se habla. Una historia que dicen que es real y que está alcanzando niveles de leyenda…
Sucedió hace mucho, muchísimo tiempo. Dicen que todo comenzó con la impresionante tormenta eléctrica que asoló la ciudad el verano del año 2047… No ha vuelto a haber una tormenta parecida.
Fue una tormenta tan fuerte que dejó sin red toda la ciudad durante casi dos días… Te imaginas? La ciudad entera sin poderse conectar a Internet durante tanto tiempo… Fue un auténtico caos. Mucha gente decidió abandonar la ciudad hasta que todo volviese a la normalidad.
Los pocos que no se fueron, se quedaron como suspendidos de la nada, con la mirada perdida, con el cuerpo lleno de nervios y de incertidumbre, sin saber qué iban a hacer sin la red. No podían separarse de sus móviles, tablets y ordenadores, no podían dejar de apretar algún botón con la esperanza de que todo volviese a funcionar. Todos menos uno…
Un joven, cuyo nombre ya nadie recuerda, salió a la calle nada más pasar la tormenta. Iba muy decidido, estaba whatsappeandose con su novia cuando todo se apagó. Pensaba que en el gran parque encontraría cobertura, como siempre. A cada paso que daba apretaba su móvil, a ver si tenía suerte. Pero nada.
Ya en el gran parque, se acercó todo lo que estaba permitido a las antenas, pero ni aun así. Siempre podría llamar… Pero la llamada era tan cara. Se le ocurrió esperar allí, total, en unos minutos todo habrá vuelto, pensó.
Pero pasaron los minutos y las horas y todo seguía igual. La ciudad entera inmovilizada mirando máquinas que no funcionaban.
El joven se desesperó, dejó caer los brazos y alzó la mirada… Esto fue lo que cambió su vida. Se vio en un lugar totalmente desconocido para él. Miró por primera vez la vida cara a cara y no de soslayo, que es como la había mirado hasta ahora, lo justo para asegurarse que no iba a tropezar con nada mientras iba mirando su móvil, como siempre.
Nunca se había fijado en esa mezcla de colores tan vivos. El cielo parecía en llamas mientras anochecía en la ciudad. Percibió un aroma suave, desconocido para él, al poco averiguó que era el olor del césped y de las flores que habitaban en el gran parque. Oyó un ruido y, sin poder cerrar la boca, se giró para buscarlo. Vio a una ardilla intentando pelar un piñón y, más allá, dos pájaros que revoloteaban juguetones entre las ramas de los árboles, bajó la mirada y, tras un árbol había un perro que lo observaba atento… Intentó acercarse, pero el perro no lo dejó, sin huir, se mantenía a distancia del joven.
Una gran sonrisa se dibujó en su cara. Una sonrisa que, según dicen, ya no le abandonó el resto de su vida. Tanto le maravilló todo lo que vio, sintió y percibió aquella tarde de verano.
Fue corriendo a casa para contárselo a sus padres. Qué desagradable sorpresa se llevó cuando, al llegar, los miró por primera vez desde hacía tanto tiempo. Las canas empezaban a aparecer en sus cabellos y, no, las arrugas que veía alrededor de sus labios, junto a sus ojos y entre sus cejas no se debían sólo a la preocupación por lo que estaba pasando en la ciudad. El joven se sintió tan culpable…
Preparó unas infusiones e hizo que sus padres se sentasen a la mesa con él. Vamos a hablar, les dijo, y les contó lo que le había pasado aquella tarde. No pudo evitar entristecerse cuando vio que sus padres apenas le prestaban atención, estaban tan pendientes de lograr que sus móviles y tablets funcionasen que era como si él no existiera. Eso que dices no son más que tonterías, fue la respuesta que obtuvo.
Esa noche, el joven estuvo pensando en cómo era su vida: unos padres a los que apenas reconocía, unos amigos a los que, estaba seguro, no reconocería y de los que no sabía ni el tono de voz ya que cada vez que quedaban se dedicaban a mensajearse con otra gente estando todos en la misma mesa, una novia a la que no conocía; sólo sabía de ella cómo se expresaba mediante la escritura. La había conocido hace unos meses por Internet y le hizo gracia su manera de expresarse, pero no sabía ni cómo era. En su foto de perfil había una heroína Manga del siglo pasado.
¿Era eso vida? No, vida era lo que había visto y sentido en el gran parque esa tarde. En ese momento lanzó su móvil por la ventana y decidió que no hablaría con nadie que no quisiese estar con él, mirándolo a la cara.
Y ahí empezó su historia, la historia del loco que se alejó de amigos y familiares porque no se atrevieron a dejar de mirar sus móviles durante unas horas para hablar con él, el loco acompañado de un perro que siempre iba sonriendo, que, cuando le apetecía reía a voz en grito e imitaba el vuelo de los pájaros, el loco que bailaba bajo la lluvia e invitaba a todo el que lo oyese a que dejasen de mirar sus tablets  para ver las estrellas, el loco que jamás volvió a acercarse a ningún ordenador, a ninguna tablet, a ningún móvil. Pobre loco, mensajeaba la gente sobre él. Sí, pobre loco… ¿O no?



Haz la prueba, ¿podrías dejar tu móvil en casa unas horas e irte a tomar algo con tus amigos, pasar las horas hablando con ellos sin ponerte nervioso pensando en que no llevas el móvil?...  J

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